Salla en el mapa de los destinos turísticos.

Texto y fotografías de Fco. Javier Pedrosa. 
 
La actividad turística sigue manifestándose en nuestros días de forma diversa y, en muchas ocasiones, de manera sorprendente. La sorpresa viene dada en muchos casos por la inexistencia de un método que permita pronosticar eficazmente las tendencias en ese sector. 
 
Si habitualmente, y desde una perspectiva clásica en el estudio de la Historia del Turismo, se ha hablado de “El Grand Tour”, el Termalismo, sol y playa, el patrimonio histórico-artístico y, por último, la naturaleza y el disfrute de los espacios al aire libre, desde los años 1990 comienzan a existir indicios de un consumo minoritario de productos turísticos diferentes, especializados que toman un poco de allá y otro poco de acá. 
 
Son varios los ejemplos que podríamos nombrar (varios de ellos serán objeto de estudio durante los próximos meses en geoface.es) pero, entre todos ellos, uno se está mostrando como representativo de los gustos de lo que podríamos llamar es el mercado turístico del ámbito mediterráneo europeo, dígase Italia, Francia y España. Se trata de la Laponia finlandesa como destino, sobre todo, invernal. 
 
La ciudad de Rovaniemi, capital de la provincia finlandesa de Laponia, la más grande y septentrional de todas las del país nórdico, se mantiene como destino turístico desde hace varios años gracias a la presencia del humilde parque temático basado en la figura de Papá Noel (Joulupukki en finlandés) que se encuentra, supuestamente, sobre el paralelo máximo que es el círculo polar ártico. Ambos los dos, Papá Noel y el círculo polar ártico, son reclamos turísticos que han hecho famoso en todo el mundo a Finlandia que, en cambio, también cuenta con otros recursos como su naturaleza y paisaje marcados por la abundancia de lagos y extensísimos y densos bosques. 
 
Pero, y como escribía, los visitantes de esta zona del planeta que proceden de los países nombrados han relegado a una segunda posición en sus preferencias la figura de Joulupukki y el cruce del círculo polar ártico en favor de algunas experiencias que son casi imposibles de disfrutar en sus países de origen (sólo las condiciones climáticas encontradas en Pirineos o Alpes pueden ofrecer, en ocasiones, un producto parecido pero de muy inferior calidad): trineos tirados por renos, mushing y conducción de motonieve. 
 
De entre todos los complejos turísticos que encontramos en el norte de Finlandia uno destaca por la calidad de los servicios que ofrece a sus clientes: Sallatunturi. Este pequeño asentamiento, a siete kilómetros de la frontera rusa, todavía ofrece la demandada tranquilidad que mantienen los destinos turísticos desconocidos, la calidez de los edificios construidos con materiales nobles, los agradables cuidados de un personal formado y especializado, una nieve de calidad inmejorable que cubre los kilómetros de pistas esquiables (alpino, fondo, snowboard, telemark) ubicadas sobre y alrededor del cerro de Salla y tantas y tantas opciones, conocidas por todos, para disfrutar del bosque finlandés y del espectáculo de las auroras boreales. 
 
De nuevo, parece que estemos hablando de un destino afectado por las tendencias de la actividad turística que priman el contacto con la naturaleza y el disfrute de los espacios abiertos. Pero es algo más que todo eso puesto que, de antemano, lo que se encuentra el visitante es el frío (durante la semana de Navidad del pasado año 2009 se registraron -32C) y la oscuridad casi absoluta del periodo invernal conocido en Finlandia con el nombre de kaamos. ¿Podemos decir que esto es bello? ¿Podemos hablar de placer? Seguramente la respuesta a ambas preguntas sea sí, volviendo, aunque siempre según apreciaciones, a las bases del Romanticismo y a los comienzos de la actividad turística tal y como hoy la conocemos: “Lo bello encanta. Lo sublime conmueve”. Kant, I. “Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime”. 1764. 
 
Laponia es bella y su invierno sublime.

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