Pinturas de guerra.

Texto y fotografías de David Fernández. 
 
En el presente, Irlanda del Norte ha comenzado un interesante proceso de apertura a Europa convirtiéndose en un importante destino turístico, no solamente por su rica cultura de herencia celta, por los hermosos campos norirlandeses o las magníficas costas del noroeste de la isla que atesoran importantes vestigios naturales como la Calzada de los Gigantes (declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1986) sino también por su historia reciente. Historia de conflictos político-religiosos que ha dejado, sobre todo en la ciudad de Derry y en su capital Belfast, un importante legado pictórico a través de sus murales. 
 
Esta última no solo es una metrópoli con construcciones modernas y una agitada vida, la ciudad que alberga los astilleros donde se construyó el Titanic o una ciudad detenida en el pasado del esplendor industrial vivido por Irlanda del Norte. Belfast es una ciudad donde sus paredes cubiertas de murales actúan como si de una pantalla de cine se tratase, proyectando las imágenes de un pasado reciente y un presente marcados por una intensa agitación política. 
 
La mejor forma de conocer los murales de Belfast es, sin duda, a pie caminando y explorando tanto el barrio protestante como el católico, marcados ambos por sus calles más importantes: Shankill Road (protestante) y Falls Road (católica), que corren paralelas en los suburbios del oeste, separadas por “el muro de la paz”, de tres millas de longitud. Ambas parten del centro, donde también se nos ofrece la posibilidad de abordar uno de los famosos “black cab” (taxi negro), donde el chófer nos acompañará explicando la historia que reflejan los murales y el momento en que se pintaron estos. 
 
Adentrarse en Shankill Road es encontrarse con multitud de banderas inglesas, con los bordillos de las aceras pintados de rojo, azul y blanco que dan la bienvenida a un barrio bastante solitario, repleto de descampados y casas residenciales, cuyos muros aparecen ornados con pinturas bélicas del UVF (Ulster Volunteer Force, Foto 1), paramilitares encapuchados (Foto 2), conmemoraciones y héroes de victorias inglesas (Foto 3), leyendas (Foto 4), la mismísima Reina de Inglaterra (Foto 5) u otros dedicados al ensalzamiento de víctimas de los diferentes actos violentos (Fotos 6 y 7). 
 
Tras sortear el muro de la paz, nos encontramos con Falls Road, la zona católica. Aquí los murales son bien distintos, no sólo encontramos pinturas que aluden al IRA (Irish Republican Army, Foto 8), al conflicto armado (Foto 9), a las víctimas del conflicto (Foto 10) o a Bobby Sands (miembro del IRA que murió en prisión tras 66 días en huelga de hambre debido al rechazo del Gobierno Británico a cumplir una serie de demandas, Foto 11). También se ven reflejados otros problemas actuales: la lucha en Palestina, el conflicto vasco, la situación de Cuba (Foto 12)… Nos encontramos murales que reivindican luchas más allá de sus fronteras dejando un poco de lado la parte bélica y abogando por la paz (Foto 13). 
 
Hoy, ambos barrios viven tiempos de cambio. El nuevo gobierno autónomo norirlandés ha dedicado en los últimos años cinco millones de euros para “lavar la cara” de Belfast y sustituir los murales de guerra por murales de paz. Algunas comunidades de vecinos (muy poderosas, en las que la policía ni siquiera se atreve a entrar) han tomado la iniciativa y reemplazado las pintadas más macabras por otras más suaves (Fotos 14 y 15). Para este cometido, el Consejo para las Artes de Irlanda del Norte, organismo responsable de la reforma visual, ha procurado en la medida de lo posible que sean los autores de los murales originales quienes se encarguen de la redecoración con alegorías más pacíficas. Reforma no del gusto de todos. A ella se oponen, entre otros, los conservadores nostálgicos, los militantes políticos que insisten en homenajear a sus héroes ya sean víctimas o autores de matanzas y, cómo no, también las agencias turísticas que hacen dinero mostrando el lado oscuro de Belfast y que temen que los turistas no quieran pagar por ver escenas bucólicas y angelicales. 
 
Caso aparte es la ciudad de Derry, en el barrio de Bogside, escenario del famoso “Bloody Sunday” (Domingo Sangriento), donde el arte, la guerra y la paz llegan a un punto de unión. Entre 1994 y 2006 tres artistas norirlandeses: Kevin Hasson y los hermanos Tom y William Kelly, decidieron utilizar las paredes de este importante barrio como una galería de arte al aire libre. Los muros de las casas se han llenado del color y la historia que flota en el ambiente. Utilizando fotografías de la época, para mostrar la historia y no interpretarla, representan los momentos más desgarradores de “the troubles” ( los problemas), como el mismísimo “Bloody Sunday” (Foto 16), niños con máscaras de gas (Foto 17), la batalla de Bogside (Foto 18), las huelgas de hambre (Foto 19), los derechos civiles (Foto 20) o la famosa “Operation Motorman” (Foto 21), aunque también nos encontraremos dentro de este barrio con las imágenes más recientes de otros personajes que tienen un significado especial para la paz como la Madre Teresa, Martin Luther King y la paloma de colores, símbolo de San Columba, fundador de la ciudad (Foto 22). 
 
Así, pinturas, murales que nacieron con un fin político y reivindicativo son hoy uno de los más importantes atractivos del paisaje urbano de Irlanda del Norte y de Belfast, compitiendo en importancia con los astilleros Harland y Wolff donde a principios del siglo XX se construyó el Titanic, el City Hall (ayuntamiento), la universidad de Queens, los famosos pubs irlandeses o el Hotel Europa (hotel más bombardeado del continente). Murales que forman parte de lo que se ha dado en llamar “turismo político”.

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