Holanda, la Historia de un territorio.

Texto y fotografías de Fco. Javier Pedrosa.

Introducción.

Geoface.es se ha fijado en Holanda como ejemplo representativo de la formación y evolución de un territorio. Por un lado, los límites administrativos del país nos permiten evaluar un espacio determinado, perfectamente acotado. Por otro lado, la Historia de Europa nos proporciona un punto de partida y un final de recorrido (el presente) entre los cuales se ha desarrollado y madurado un territorio ejemplar. Todo ello teniendo en cuenta los siguientes matices: hablamos de Holanda cuando podríamos hacerlo de Países Bajos; y situamos un fin en el presente porque únicamente contamos con teorías y proyecciones de lo que podría ser el futuro, pero este sigue siendo futuro. Por tanto, desde nuestra perspectiva actual, Holanda sería un ejemplo de territorio que hemos querido llamar “pleno”.

El Rin.

Desde una perspectiva administrativa Holanda es hoy en día, y desde el final de la II Guerra Mundial, un país heredero de lo que en su momento se llamó Países Bajos (este término es también válido en la actualidad: Netherlands). Tal topónimo parece haber surgido como consecuencia de la interpretación de las características topográficas de la cuenca baja del río Rin, que desemboca precisamente en la costa meridional holandesa. Las gentes asentadas en las orillas del lago Constanza (fuente del río) tomaron conciencia de que vivían en la parte alta de la cuenca y que las aguas de este importante río europeo fluían camino del océano Atlántico, salvando el desnivel entre ellos y las tierras bajas. Desde luego, este argumento puede aplicarse a todas las comunidades humanas rivereñas de las cuencas media y baja.

Antes de su desembocadura, el Rin se encuentra con los ríos Escalda y Mosa. Juntos los tres forman un gran delta que se extiende en nuestros días, aproximadamente, entre las ciudades de Rotterdam y Amberes pero con implicaciones directas, en una escala histórica, en el área en que se encuentra la ciudad de Brujas, ya que los ríos han cambiado su curso en diferentes ocasiones.

También, el caudal ha variado dependiendo de los aportes de agua. Durante los años más húmedos el caudal del río era mayor que durante los periodos menos pluviosos o nivosos. Esta oscilación histórica sumada a la estacional permitió, bajo la acción del agua, que se formaran islas individualizadas en el seno de un lecho anastomosado. Con el paso del tiempo y el fluir de las aguas que circulaban por los distintos brazos y sus tributarios, se iría definiendo el perfil de todo un conjunto insular. Se forma así un entramado de islas que sería bautizado por los propios holandeses con el nombre de Zeeland (“la tierra en el agua”). Mientras tanto, el resto del país yacía parcialmente bajo esta.

Los primeros pobladores.

Para hablar de los primeros pobladores de Holanda deberíamos retroceder hasta la prehistoria. En cambio, será el S.I d de Xto. el punto de partida elegido. Si bien, antes del nacimiento de Cristo el territorio ya había empezado a formarse, también es cierto que la evolución más rápida de este, con mayores consecuencias para el mismo e íntimamente ligada a la evolución demográfica del país tuvo lugar a partir del momento que aquí se relata. No será hasta tiempos del Imperio Romano cuando comience a tener lugar una verdadera modificación del entorno y se dé una transformación en el aspecto de la Naturaleza. Son los pueblos germánicos los que aclararán el bosque y practicarán la ganadería y la agricultura en la mitad norte del continente europeo.

Ya Tácito, en su “Germania”, escribiría sobre la patente división de Europa en dos partes definidas por los cursos de los ríos Rin y Danubio. Se convierten en “limes” del Imperio romano. Al sur de ambos, los romanos, al norte, los germanos. Esta última denominación incluye muchos y variados pueblos, desde los Nervios hasta los Fennos, pero ninguno subyugado por el poder de Roma. Tácito sitúa a los Bátavos en unas islas del antiguo delta del Rin. Ellos y los Frisios, ubicados algo más al norte, conocieron el cordón dunar que, casi ininterrumpidamente, recorre las costas atlánticas del país. Esta es la barrera natural que ha mantenido al océano más o menos alejado de las poblaciones humanas originales. Los problemas aparecen cuando la densidad de población aumenta y la disponibilidad de tierras disminuye, algo que sucedería durante la Edad Media.

La navegación, el comercio y las primeras ciudades.

Los holandeses siempre han sido un pueblo marinero. Algunos de los más grandes exploradores y navegantes que la Historia de la humanidad ha dado eran originariamente de aquí. Willem Barentsz navegó en el siglo XVI uno de los mares más septentrionales del mundo, ese que hoy lleva su nombre. Alcanzó las islas Spitsbergen que él mismo bautizó.

Abel Tasman fue el primer europeo en acercarse a las costas de Nueva Zelanda (nótese el origen del topónimo). Un parque nacional y un glaciar de la isla Sur llevan su nombre. En Australia, la isla de Tasmania también debe su nombre a la visita del holandés.

También los holandeses tuvieron que navegar para alcanzar la península en la que fundarían la ciudad de Nueva Ámsterdam, hoy conocida como Nueva York. Con el nombre de una de las más importantes avenidas de la “Gran Manzana” la ciudad rinde un pequeño tributo a sus orígenes (en la avenida Amsterdam se encuentra, por ejemplo, la Universidad de Columbia).

Como consecuencia del dominio de las técnicas de navegación pudieron establecer rutas comerciales que empezaban o terminaban en alguno de los importantes puertos del país. Las características geográficas de la costa permitieron la proliferación de poblaciones asociadas a los lugares de carga y descarga de mercancías. Así, surgieron poblaciones que pronto se transformarían en ciudades como Middelburg o Rotterdam.
Después nacía la Compañía Holandesa de las Indias Orientales que insuflaría capital al país gracias a las importaciones y exportaciones de productos hoy considerados habituales. Esto desencadenó el aumento del espacio urbanizado.

Aunque la peste y otras enfermedades habían diezmado en más de una ocasión la población europea a lo largo de la Edad Media, Holanda en el siglo XVII ya estaba especialmente necesitada de nuevos espacios que roturar y llanuras en las que pastar debido a la intensa presión que se ejercía sobre el suelo. Será un momento de expansión de la red de canales y acequias que permitían la navegación hasta ciudades algo más alejadas de la costa como Leiden, Haarlem, Ámsterdam o Utrecht conectada esta última con el mar a través del Rin.

Nuevos tiempos, nuevas tierras.

La necesidad de nuevas tierras llevó a los holandeses a achicar el agua de mares, lagos y lagunas poco profundos. Al principio se consiguió evacuar el agua de pequeñas cuencas endorreicas con la construcción y uso de molinos de viento que trasladaban el agua hasta el otro lado de los bordes de las pequeñas cuencas y zonas lacustres. De esta manera el fondo de aquellos antiguos lagos repletos de sedimentos (pólderes) se tornaban ahora en tierras de labor o pastos.

Luego, y en su inspirada gestión del agua y los espacios colonizables, los holandeses se fijaron retos más importantes y ambiciosos. Primero, construyeron diques alrededor de los nuevos espacios a desecar. Después, cavaron canales auxiliares y, mucho después, cerraron la salida del Zuiderzee al océano Atlántico con la construcción del “Gran Dique” (30 Km aprox.). Esto sucedió en el año 1919, después desalinizaron las aguas del antiguo mar interior.

El siguiente reto sería controlar el incremento en el volumen de agua procedente del océano con ocasión de la llegada de tempestades -que ya conocían- susceptibles de ser consideradas como causa de grandes inundaciones. Una de ellas, la última hasta la fecha (1953), provocaría la elaboración de una acertada estrategia aplicada a la gestión del agua: el “Plan Delta”.

El siglo XX: el “Plan Delta” y la ciudad posmoderna.

Durante los años de la posguerra Holanda aún sufrió otra catástrofe más. A la devastación provocada por el conflicto mundial se unió la inundación de 1953 que afectó a las provincias de Zeeland y Holanda Meridional. La combinación de unas mareas vivas y el empuje del viento del noroeste arrastró gran cantidad del mar del Norte hacia posiciones continentales. Muchos holandeses se vieron severamente afectados, y el territorio y paisaje profundamente transformados.

La respuesta de la nación también fue drástica. El país debía ser reconstruido y el agua debía ser controlada. Así, la búsqueda de soluciones llevó a los holandeses a levantar las nuevas ciudades sobre sus ruinas y a desarrollar el llamado “Plan Delta”. Ambas intervenciones determinarían el aspecto actual de buena parte del país.

Las ciudades holandesas de la segunda mitad del siglo XX presentan rasgos urbanísticos heredados de épocas anteriores (Medievo, época española, Provincias Unidas, revolución industrial) que se mezclan con tendencias urbanísticas y arquitectónicas contemporáneas.

La arquitectura de los nuevos edificios está marcada por los materiales (vidrio, aluminio, acero inoxidable, etc.), las formas heredadas del funcionalismo y del racionalismo (líneas puras y rectas, estructuras angulosas, perfiles luminosos, luz natural, etc.), el consumo energético responsable y el diseño de artistas consagrados. La arquitectura también ha participado en la renovación del paisaje debido a la proliferación de edificios “parásitos”, que en Amsterdam y en Rotterdam llegan a ser muy visibles.

Por último, la intervención en el delta formado por los ríos Rin, Escalda y Mosa permitiría un control en el caudal de las aguas procedentes del interior del continente y, aún más importante, de aquellas procedentes del océano. Con el establecimiento de compuertas se empezó a gestionar un uso público del agua con fines energéticos, lúdicos y alimentarios. Obviamente, la estructuras ingenieriles y las obras asociadas repercutieron en el medio natural y modificaron el paisaje hasta llegar a antropizar intensamente buena parte de lo poco que el país aún tenía de rural.

El siglo XX: La red de carreteras, las infraestructuras portuarias y la energía.

Las carreteras holandesas, como elementos constituyentes fundamentales del territorio, forman parte del importante legado que el llamado progreso a reservado para Holanda. Estas vías de comunicación de importancia capital acogen a millones de vehículos que, o bien circulan entre las ciudades más importantes del país, o bien lo hacen a modo de tránsito temporal en travesías de carácter internacional. El gran número de carreteras, su trazado y el impresionante volumen de vehículos que por ellas se desplazan las convierten en una característica propia de los territorios evolucionados en general y del paisaje holandés en particular.
De la misma manera entendemos a las infraestructuras portuarias, entre las que destaca el gran puerto de Róterdam (Europort). Con una longitud de 40 km (aproximadamente) y una extensión de, también aproximadamente, 10.500 Ha es el cuarto puerto más grande del mundo. Es en sí mismo una unidad paisajística de carácter industrial con influencia urbana.

Un país con tal densidad de población, alto nivel de vida y unos sectores primario y terciario tan desarrollados es un país con elevados consumos de energía. Además de consumir energía, Holanda también gestiona y comercializa la misma (Royal Dutch Shell). Ambas realidades son confirmadas por la numerosa presencia de construcciones y estructuras capacitadas para la transformación, transporte y almacenamiento de la energía así como para el tratamiento de residuos procedentes de la manipulación de la misma.

Conclusión.

En Holanda se dice que Dios hizo el mundo y los holandeses Holanda. Y razón no les falta. En los últimos dos mil años han transformado la tierra en la que han vivido. Generación tras generación han utilizado el agua para delimitar sus áreas de influencia y para comerciar, para cultivar y para patinar. Los holandeses han urbanizado la inmensa mayor parte del territorio y han alcanzado cifras de record en las listas de densidad demográfica. Encontramos en el país uno de los mejores ejemplos de conurbación (Randstad) de toda Europa.
En la búsqueda de adaptación a las exigencias impuestas por el entorno los holandeses se han decidido por la construcción de pólderes, diques, canales, acequias, compuertas, etc. Son estos, elementos característicos de una estructura territorial inventada. Es un paisaje completamente humanizado.

También han sabido conservar un buen número de obras de arte y cuentan con un excelente patrimonio arquitectónico e industrial. Han modificado la naturaleza hasta desproveerla de su aspecto original y han creado lo que podríamos decir es un “territorio ergonómico”, han fabricado un entorno a la medida del hombre. Holanda es por todo ello un territorio ejemplar hijo de la Historia.

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