El valor de un topónimo.

Texto y fotografías de Fco. Javier Pedrosa. 
 
Suomi es el topónimo utilizado para referirse al país europeo que en español conocemos como Finlandia y los angloparlantes denominan Finland. 
 
A priori, podría pensarse que este nombre es debido a la localización latitudinal de aquellas marcas y su distancia con respecto a referencias como el mar Mediterráneo (cuna de la civilizaciones que dominaron el continente europeo) o Centroeuropa (origen del BENELUX y de la U.E.). Es decir, en el término latino `Finlandia´ podríamos encontrar una referencia a aquellas tierras del final, las últimas en ser conocidas, las últimas en ser evangelizadas y cartografiadas, aquellas que los europeos del ámbito mediterráneo tomaban como lejanas. 
 
La palabra inglesa “Finland” (`-land´ = tierra, país) se aproxima más al porqué de la configuración del topónimo ya que estamos hablando de la antigua tierra de los Finns, de aquellos que en la actualidad conocemos, erróneamente, como Lapones. La tierra en la que viven los finlandeses, en cambio, se denomina, en la lengua propia de estos, Suomi. Suomi procede de la unión de las palabras finlandesas suo- (pantanoso) y –maa (tierra): “tierra pantanosa” o “tierra de pantanos”. A la hora de caracterizar el lugar, el entorno natural ejerció una mayor influencia que la propia presencia de aquellos antiguos pobladores que dieron nombre al país. 
 
Son, en cambio, los numerosos lagos que encontramos en el país nórdico lo que ha posibilitado la existencia de una unidad paisajística que, junto con el bosque de coníferas (Taiga), han sido exportadas como la imagen de toda una nación durante los años del Nacional romanticismo, previos a la consecución de su independencia en el año 1917 y, en la actualidad, constituyen el principal valor potencial del país a explotar por la industria turística. Pero esta tierra de pantanos es también una tierra pobre, ácida, con suelos, generalmente, poco desarrollados, una tierra dominada por la presencia de materiales de origen glaciar de variado tamaño (arenas, gravas, cantos y bloques) que se encuentran esparcidos por toda la superficie del país posibilitando la retención de las aguas continentales en el interior del mismo, sólo conectadas con las aguas saladas del mar Báltico por infraestructuras propias de los tiempos actuales (canales). Y es que esta podría ser una de las razones por las que el país recibe el nombre que hemos comentado. Y me explico…, las aguas de los lagos finlandeses siempre han sido fácilmente navegables y accesibles por lo que, a través de ellos, y de algunos de los relieves glaciares que en estos encontramos (eskers), fueron trazadas vías de comunicación con diferentes objetivos (económicos, militares). Pero es toda esa zona perimetral de los lagos, dispuesta a modo de aureola, de aguas poco profundas y llenas de sedimentos, reconocida fácilmente por la presencia de especies vegetales y animales características, la que posibilitó la aparición del topónimo `Suomi´. Posiblemente, este hecho no coja por sorpresa a geógrafos e historiadores que son conscientes de las particularidades de estos espacios y de la trascendencia de los mismos en algunos momentos fundamentales de la Historia del país. Todavía podemos comprobar las dificultades que presentan estos sectores para el desplazamiento, las mismas que encontraron las tropas soviéticas en 1939 en su intento de avance hacia occidente y conquista de lo que previamente había sido el Gran Ducado ruso. Con total seguridad las zonas pantanosas del país ayudaron a sus habitantes a defender sus tierras durante la llamada “Guerra de Invierno”. Se veía, de nuevo entonces, la mayor trascendencia de las áreas pantanosas en los procesos históricos de carácter nacional. 
 
En definitiva, la utilización de uno u otro topónimo es indiferente cuando queremos referirnos al país nórdico pero no cuando tratamos de establecer un vínculo entre sus habitantes y el entorno que les rodea. ¿Sería, en el caso de Finlandia, tan apropiado hablar del “valor de un topónimo” como del “poder de un topónimo”? Independientemente de la respuesta podemos confirmar que los nombres de los lugares pueden ofrecernos abundante información a la par que exponernos a la confusión y la duda. En nuestras manos está el conservar tan rico patrimonio y disponer de él o no en los estudios geográficos.

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