El templo de Sri Ekambareshwara un superviviente mitológico.

Texto de Alberto Uría y fotografías de Tamara Álvarez. 
 
Si algo tiene de especial el sur de la India es su enorme riqueza cultural, que ha sabido sobrevivir al envite de los milenios conservando su esencia dravídica. Una de las muestras más sobrecogedoras de esta pervivencia milenaria es el templo de Ekambareshwara, localizado en la famosa ciudad tamil de Kanchipuram. 
 
Kanchipuram está ubicada en el estado de Tamil Nadu, sobre los márgenes del rio Vegavati. La ciudad fue fundada por la dinastía de los Pallas en el siglo IV y fue a lo largo de la edad media la capital de grandes dinastías como los Chola, los Pandya o el gran Imperio de Vijayanagas. Ciudad de reyes mitológicos, es lugar de una dinastía de hombres sagrados que poseen el título de Acharya, cuyo linaje se remonta según diferentes fuentes de 1300-482 a.C hasta el santo Chandrasekharendra, que murió en 1999 a la edad de 101 años. En la actualidad es considerada una de las ciudades más sagradas del sur de la India y a lo largo del año miles de peregrinos acuden a ella para realizar una “Puja” (adoración a sus dioses). Kanchipuram es un reputado centro de aprendizaje tamil, pero también acuden a él jainistas y budistas, por lo que es un importante lugar religioso para las tres grandes religiones. Los saris de seda fabricados a mano en Kanchipuram son de gran calidad y tienen una gran reputación en el resto de la India. 
 
El primer templo de Ekambareshwara fue construido en memoria a Shiva (dios destructor de la Trimurtu, trinidad hindú, junto a Brahmá dios creador y Visnú dios preservador). La historia de la construcción de este templo se remonta a los tiempos mitológicos, y es uno de los 5 templos más grandes dedicados a Shiva, en particular el que representa a la tierra. El nombre del templo deriva de los nombres Eka Amra Nathar (Señor del Árbol del Mango). En el patio de Ekambareswara hay un mango que se cree tiene unos 3.500 años de antigüedad cuyas cuatro ramas principales ofrecen frutos con sabores que representan a los cuatro Vedas o textos sagrados hindús. 
 
Según la leyenda, la diosa Kamakshi “la de mirada provocativa” consorte de Shiva, ofendió a su esposo cuando en un juego se vendó los ojos dejando al mundo en las tinieblas. Shiva la reprendió y le obligó a erigir este templo en su honor para enmendar la falta. Fue en este templo donde Kamakshi adoro a Shiva en la forma de un lingam (símbolo fálico representación del dios Shiva) hecho de arena, que todavía se conserva el interior del templo. 
 
El santuario fue reconstruido en el siglo IX por la dinastía de los Chola sobre el anterior templo de los Palla. En la actualidad la mayor parte del templo es del siglo XVI y fue edificado durante la dinastía de Vijayanagas La grandiosidad de las dimensiones de este templo se reflejan en sus 12 hectáreas de extensión, la altura de su gopuram sur (torre de los templos), que se eleva hasta una altura de 58.5m o, el gran número de tanques rituales albergados en el conjunto. Lo primero que llama la atención cuando uno se aproxima al edificio es su enorme tamaño, así como la profusión de estructuras como torres, porches, cúpulas, mástiles para estandartes, etc. Hermosos pórticos llamados mandapam repletos de pilastras ricamente esculpidas y pequeños altares preceden los accesos. 
 
En el interior grandes salas hipóstilas que parecen no tener fin, recorriendo por sus cuatro costados el santuario, con pilastras o columnas profusamente decoradas con esculturas y relieves, que narran historias sagradas de la mitología hindú. Destaca el barroquismo ornamental en todo el templo. La estructura de mampostería al igual que parte de los muros están delicadamente decorados con hermosos relieves que narran historias religiosas, con una antigüedad de 500 años. 
 
Es en definitiva este templo de Sri. Ekambareshwara una joya de la arquitectura hindú, un claro ejemplo de la exquisitez que alcanzó la cultura dravídica que aún pervive en el sur de la India.

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