Espinaredo.

Texto y fotografía de Fco. Javier Pedrosa. 
 
Localización. 
 
Espinaredo es una población asturiana, capital de la parroquia homónima, situada en el concejo asturiano de Piloña. Dentro de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias ocupa una posición centro-oriental, es decir, a media distancia aproximadamente entre la línea de costa y las cumbres del Macizo Asturiano en las que se sitúa la divisoria de aguas, y más cerca de Cantabria, al este, que de Galicia, al oeste. 
 
Tres son las referencias geográficas a considerar en la localización de este espacio: la sierra litoral del Sueve, el surco prelitoral y las sierras interiores. Estas últimas alcanzan mayor protagonismo en la configuración territorial del valle del río Espinaredo pues no en vano la población se encuentra a los pies de una de estas: la sierra de Aves. 
 
El soporte físico. 
 
Todo territorio necesita de un soporte físico sobre el cual desarrollarse. Habitualmente, aunque no exclusivamente, los territorios se crean en áreas continentales donde el sustrato rocoso juega un papel preponderante. De su composición, disposición y orientación dependerá, directa e indirectamente, la configuración del territorio: determina la topografía, la existencia de laderas y sus orientaciones, los suelos y la vegetación, la explotación de recursos económicos, etc. 
 
Desde esta perspectiva situamos a Espinaredo en una región geológica caracterizada por la presencia de materiales rocosos desplazados, de dimensiones kilométricas y espesor muy considerable que se han superpuesto a los materiales rocosos preexistentes. Dichas estructuras reciben el nombre de mantos y la región en la que se encuentran Región de Mantos. 
 
A su vez la Región de Mantos forma parte de una supraestructura conocida como la Rodilla Asturiana. Su peculiaridad es que el material rocoso que aquí encontramos está dispuesto en forma de “c” con una incurvación progresiva de los estratos de oeste a este hasta alcanzar el mayor grado de flexión inmediatamente al oeste de un punto central que son los Picos de Europa. En el sector en el que se encuentra Espinaredo los materiales de los mantos han alcanzado un grado de incurvación próximo al máximo. 
 
Son principalmente calizas, cuarcitas y areniscas las que se ven expuestas a la acción constante de los agentes erosivos los cuales las afectan de acuerdo a la compacidad de la roca y su capacidad para soportar la abrasión. De esta manera se han abierto valles principalmente sobre materiales más fácilmente deleznables y se mantienen las crestas calcáreas o cuarcíticas como puntos más altos de las montañas. También sucede que las aguas atraviesan los estratos de rocas más resistentes al seguir, por gravedad, el camino abierto por las fracturas y dislocaciones en el roquedo. 
 
La topografía. 
 
Como consecuencia de la composición y disposición del roquedo y su interacción con la atmósfera reconocemos un relieve montañoso con abundancia de pequeños interfluvios y valles tributarios que nos permiten hablar de una topografía abrupta, con desniveles pronunciados y alternancia de zonas altas y bajas muy próximas entre sí pero sin contar con grandes alturas que en ningún caso alcanzan los 1.000 m en las proximidades de Espinaredo (Cerro Sopiedra 937 m). 
 
Tal perfil topográfico establece ya algunas pautas para la colonización del espacio. En primer lugar las zonas bajas y llanas son más aptas para el cultivo agrícola y, en segundo lugar, las zonas más altas evitarán la llegada de los rayos de luz solar a algunos puntos que se encuentran a menor altura estableciéndose así una clara diferenciación entre los espacios de umbría y los espacios de solana. 
 
La vegetación. 
 
La vegetación que encontramos en la parroquia de Espinaredo está formada por especies propias o adaptadas a las condiciones climáticas de la España húmeda. Es principalmente el bosque de caducifolias la masa vegetal más extendida pero también se pueden observar varias especies de árboles y arbustos que no suelen formar bosques monoespecíficos. En los fondos de valle viven avellanos, nogales, robles carvayos, fresnos, alisos y arces. Por debajo de los 1.200 m de altura se extiende el hayedo y entre unos y otros nacen esquivos acebos, tejos, serbales, majuelos, etc. Mucho más recientemente han sido introducidos pinos y eucaliptos que han llegado a alcanzar gran protagonismo. 
 
Los avellanos han servido para construir setos vivos, los castaños para construir, la nuez para fabricar aceite, el fresno para dar sombra, el haya para fabricar madreñas y cestos y el eucalipto para invertir.
Pero dos son las especies que ahora quiero destacar por dos razones bien diferentes pero no ajenas a la formación de este territorio: el avellano y el majuelo. El primero da el fruto más famoso de todo el concejo. La avellana es todavía recogida hoy en día a principios del otoño para ser comercializada. Buena parte de la recolección es consumida en el “Festival de la Avellana” durante el mes de octubre en la capital del concejo. Algunos de los setos vivos de avellano que delimitan fincas en las proximidades de Espinaredo datan del siglo XVI lo que los convierte en todo un patrimonio cultural de estas comunidades rurales. El majuelo, también conocido como espino albar, debió de jugar un papel importantísimo en la percepción de este espacio y en la configuración del territorio que se estableció en él. Muy probablemente el topónimo Espinaredo esté relacionado con tal especie. Toda la vega bien pudo ser un sector dominado por este tipo de arbusto (Espinaredo: lugar en el que abundan o hay varios espinos). 
 
El río Infierno y el río Espinaredo. 
 
El río del Infierno nace a la sombra del collado Traslafuente entre hayas y acebos. Discurre encajado en las más de las ocasiones aunque también atraviesa pequeñas vegas que él mismo ha formado. Debido al desnivel que tienen que salvar las aguas, y la escasa distancia hasta su efluente, el río no meandriza hasta llegar a la posición en la que hoy encontramos a Espinaredo, donde cambia de nombre y pasa a llamarse río Espinaredo. 
 
La pequeña cuenca hidrográfica del rio Infierno está adaptada a la estructura geológica intensamente erosionada. El cauce principal sigue el espacio abierto por una fractura, los pequeños afluentes atraviesan vallejos labrados sobre materiales moderadamente blandos. De especial interés es la formación de clusés sobre materiales más duros que territorialmente juegan un papel decisivo ya que determinan espacios intermedios de gran valor económico: las vegas. 
 
Las aguas del río han regado las huertas de las aldeas durante siglos, han sido el reconfortante remedio de las calurosas jornadas de siega y el lugar de recreo de especializados pescadores que han capturado especies que hoy ya no se ven con facilidad en los ríos españoles, entre otras, truchas, anguilas y salmones. 
 
La formación del territorio. 
 
No tenemos noticia alguna de la presencia de seres humanos en el valle del río Infierno en toda la prehistoria de Asturias (40.000 b.p.-siglo I a. de C.). A tenor de los yacimientos arqueológicos excavados podemos confirmar que durante todo el Paleolítico (36.000 b.p.-10.000b.p.) el hombre eligió el surco prelitoral, las rasas costeras y las cuencas medias y bajas de algunos de los ríos más importantes de la región (Nalón, Sella y Cares-Deva) para establecer sus áreas de influencia y ubicarse temporalmente al abrigo de cuevas naturales. 
 
En el Neolítico se percibe un claro desplazamiento de la población hacia el interior, llegando incluso a alcanzar zonas montañosas, pero nunca en la zona que nos ocupa. Aunque también es cierto que no se puede descartar una presencia efímera o temporal de cazadores durante los inviernos cuando los ciervos bajaban a los valles. Fue entonces cuando comenzó a crearse un territorio. Se trataba de un territorio de caza, y posiblemente de pesca y recolección, pero visitado muy esporádicamente, que no habría incluido construcción alguna. En cambio, la cultura castreña llegó a levantar pequeños poblados en lo que hoy es el concejo de Piloña pero nunca al sur del río homónimo. 
 
La entrada en la nueva era estará marcada por la romanización de la Península. Asturias será el último reducto en ser conquistado, en el siglo I a. de C. A pesar de que el grado de influencia de la nueva cultura será menor que en otros lugares de Hispania los romanos aprovecharán los recursos naturales que la zona les permitía y abrirán nuevos accesos estableciendo una red de caminos que conectaba los centros de producción y transporte a través de las montañas cantábricas. Una de esas vías discurre a media ladera, sin aproximarse a la vega de Espinaredo. Este hecho puede ser suficiente para demostrar que durante los, aproximadamente, cuatros siglos de civilización romana la vega no fue un lugar de acampada estable. 
 
Los romanos llegaron a crear un tejido social y económico sobre el territorio preexistente que dejaría sus huellas en el paisaje y a la postre se convertiría en los cimientos del espacio asturiano bajo dominio visigodo.
Hasta, primero, la batalla de Guadalete en el año 711 y, después, la batalla de Covadonga en el 722 no encontramos indicios de presencia islámica en Asturias. La sede de la Gobernación se sitúa en Gijón, muy lejos de este valle, y su orden no calará en todos lugares por igual. El valle parece continuar sin trazas de antropización. 
 
Ni árabes ni visigodos parecen haber mantenido interés por nuestro valle en los siglos que sucedieron al desmembramiento del poder romano. Así como la batalla de Guadalete permite hablar de un desmembramiento del poder godo la batalla de Covadonga abre el llamado periodo de la Reconquista que en Asturias se vive bajo dos coyunturas muy diferentes. Por un lado, se instaura un reino cristiano Astur que vendrá acompañado de los primeros síntomas de feudalismo y urbanización. En los años en los que la capitalidad del reino se localiza en Asturias parece observarse una tímida actividad agraria al margen de áreas muy concretas (los valles del Navia, Narcea, Nalón y Sella). Por otro lado, el avance hacia el Duero de las tropas cristianas lleva a la monarquía hispano-asturiana a trasladar la capital a Castilla. Esta decisión desembocará en la diferente consideración del espacio en que se inició la Reconquista: Asturias empezará a ser ahora una provincia de la periferia del reino y alejada de los poderes centrales, pero pacificada. Y en algún momento de estos tres siglos (IX-XI) debió empezar a ocuparse la vega de forma asidua. 
 
En el siglo XI la población, fundamentalmente indígena, comienza a aumentar levemente y ya existen centros eclesiásticos y parroquiales conocidos que funcionan como empresas rurales, es decir, hay más familias que necesitan suelos para cultivar y entidades administrativas que gestionan grandes propiedades. La coyuntura parece idónea para que nazca una aldea en aquella que fuera una fértil vega. 
 
El asentamiento estable original. 
 
Pero, ¿dónde tuvo lugar el asentamiento original del que es heredero el actual Espinaredo? Para responder a esta pregunta debemos contemplar el medio físico y considerar la evolución conocida de sus elementos. A colación recordamos la presencia de masas rocosas próximas entre sí con grandes desniveles topográficos que determinan la existencia de zonas llanas ocupadas principalmente por los sedimentos que el río ha transportado y depositado. De aquí extraemos que el terreno más propicio para el asentamiento humano tuvo que ser la vega —por aquello de la accesibilidad del terreno— y, en concreto, su sector oriental, más amplio y soleado y perfectamente apto para el cultivo. 
 
El lecho del río y las terrazas fluviales que se mantienen en el valle demuestran que el cauce del río Infierno ha variado no solamente de acuerdo a un ritmo estacional sino que también lo ha hecho de acuerdo a las palpitaciones climáticas ya conocidas que ha sufrido nuestro planeta. De especial interés en el caso de Espinaredo sería la llamada “Pequeña Edad del Hielo”. Estas variaciones en el cauce implicarían el aumento y disminución de la superficie inundada lo que muy seguramente llevó a los primeros colonos a fijar una zona de exclusión en la orilla derecha del río. Además, la dinámica fluvial encargada de formar el meandro en la vega nos recuerda que las aguas llegaron a circular en esa parte por zonas más interiores de la misma —donde hoy encontramos varias construcciones— lo que imposibilitaría el levantamiento de edificios por miedo o precaución. 
 
Es decir, el núcleo original debió de estar situado en una posición más o menos céntrica, lo suficientemente lejos de la orilla derecha por seguridad y lo suficientemente cerca por necesidad. Allí donde situemos el comienzo de un espacio considerado seguro situaremos uno de los límites de la población antigua. El otro límite bien puede encontrase en el perímetro construido de la población actual. 
 
El caso de Soto. 
 
La población que hoy en día conocemos con el nombre de Espinaredo está formada por dos núcleos compactos separados entre sí por el río Espinaredo. El núcleo principal, ubicado al este del río, recibe el nombre de La Villa mientras que el núcleo secundario, al oeste del río, se llama Soto. Es La Villa el núcleo principal por ser más grande, por incluir la iglesia y las antiguas escuelas y, seguramente, por haber surgido antes que Soto. 
 
El propio topónimo nos recuerda cómo debió de ser la población medieval. La Villa se entendía como aldea formada por algunos edificios en los que vivían familias y se escondía el ganado, rodeada de pequeñas parcelas, pastos y bosque, nada tuvo que ver con las villas romanas que surgieron en otros puntos de Asturias.
Por su parte, Soto, debió de surgir algún tiempo después de que se fijara La Villa como asentamiento estable. La palabra Soto procede, como la palabra selva, del latín saltus, término con el que se identificaba a la zona de bosque en épocas antiguas y medievales, inculta, por oposición al ager o zona de tierras cultivadas. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dice de soto lo siguiente: 1. Sitio que en las riberas o vegas está poblado de árboles y arbustos. 2. Sitio poblado de árboles y arbustos. 3. Sitio poblado de malezas, matas y árboles. De todo ello se extrae que antes de que existiera el núcleo con tal nombre (Soto) debió existir otro (La Villa) donde vivieron aquellos que percibieron su entorno y fueron dando nombre a los lugares con valor concreto. Podemos decir que desde la villa se veía el soto al otro lado del río que luego se aclaró para ser convertido en solar sobre el cual construir. 
 
También cabe pensar que el soto al que se referían los habitantes del valle no estaba tan cerca del río como lo está ahora. Podría haber ocupado una posición más elevada en la ladera, fuera de la vega, pero esto no desmontaría el origen del topónimo pues en el mismo valle nos encontramos con que las casas del Escobiu (estrechamiento en el valle, en asturiano) no están en el estrechamiento del valle sino un poco antes de llegar a él. 
 
La organización territorial. 
 
Las primeras personas en instalarse en la vega de Espinaredo serían familias formadas por miembros de dos generaciones sucesivas (principalmente padres e hijos) que fueron compartiendo el espacio con nuevos vecinos a medida que se iban estableciendo nuevos regímenes de propiedad de la tierra.
Entre todos, aclararon el bosque, levantaron edificios de madera y bloques y cantos de roca, cultivaron las zonas próximas al asentamiento e introdujeron animales domésticos necesitados de pastos y agua todos los días del año. Así comenzó a construirse un poblado, un nuevo territorio y otro paisaje. 
 
Parece lógico intuir que el primer nombre que recibió el asentamiento fue el de Espinaredo, haciendo mención a una especie vegetal concreta (Crataegus monogyna) que debió de destacar en el entorno original. Cuando la existencia del pueblo era un hecho visible, comprobable y gestionable recibió la categoría de villa. Una villa que se convirtió en sede parroquial encomendada a Sta. María de las Nieves y, posteriormente, con la ampliación del espacio construido en el margen occidental del río, en la población más extensa y poblada de todo el valle. 
 
Como hemos dicho, efectivamente, los colonos son campesinos que trabajan durante todo el año en pos de la supervivencia. Son productores que se abastecen autárquicamente y hacen lo propio con sus arrendatarios a quienes entregan una parte de la cosecha en concepto de diezmos y otros tributos y rentas. Es por esto, por la necesidad de producir más, por lo que la superficie explotada se amplía entre los siglos XIII y XIX a toda la vega, a las laderas de las montañas adyacentes y a las zonas más altas de esas y otras montañas empezando a configurarse una forma de organización del espacio habitado que, con el tiempo, pasaría a llamarse organización agraria tradicional. Para Fermín Rodríguez la organización agraria tradicional es “el conjunto de prácticas y modos de vida que aparecen cristalizados en una estructura geográfica característica, temporalmente definida, cuya máxima depuración se alcanza durante la segunda mitad del XVIII y la primera del XIX”. 
 
En Espinaredo, como en buena parte de la Europa Atlántica, encontramos ya desde la Edad Media un conjunto de elementos territoriales que se mantendrán durante varios siglos. Contamos con un núcleo construido alrededor del cual, en ocasiones entre los propios edificios, se encuentran los pequeños huertos y las tierras de labor y pasto de explotación comunal. Justo a continuación aparece el bosque. Este esquema general queda matizado por unas coyunturas socio-económicas propias del valle del río Infierno que tendrán unas implicaciones temporales pero decisivas en la configuración del espacio geográfico que nos ocupa.
Ya desde un principio se observa en Espinaredo un poblamiento concentrado, pequeños huertos entre los edificios y algún hórreo utilizado como granero. Inicialmente el terrazgo se orienta a la producción, berzas y nabos (Jackson) para ir haciéndose más complejo más tanto cuanto se introducirán nuevos cultivos y nuevas técnicas y conocimientos que aumentarán la productividad. En los caminos y junto a los huertos encontramos nogales, nisales, avellanos, cerezos, ciruelos, manzanos, higueras, perales. Se pesca en el río y se caza en el monte. 
 
En el primer tercio del XVII se generaliza el cultivo de maíz. En el siglo XVIII se cultivaba mijo, alubias, arvejos, calabazas, lino y otras plantas de huerta y en el último tercio de este siglo se introduce la patata que obligaría a una mayor especialización del terrazgo y con ello a la transformación del paisaje asturiano en general y del valle acotado en particular. Con todo, aún podemos confirmar que el paisaje de la vega de Espinaredo no debió de haber cambiado a penas entre los siglos XI al XVIII, y todavía hoy se conservan huellas del pasado en el paisaje actual. 
 
En la actualidad, los usos del suelo se han visto drásticamente transformados. Las desamortizaciones de la Iglesia, las concentraciones parcelarias, la política agraria comunitaria (PAC), el envejecimiento de la población, la industrialización y urbanización de Asturias, las tendencias de la industria turística, entre otros, han modificado más recientemente el valle del río Infierno y toda Asturias. Pero en Espinaredo todavía quedan formas en el paisaje de los últimos mil años: la toponimia, los lindes vegetales, los hórreos, etc. y, como veníamos diciendo, la organización del espacio. 
 
La ganadería de montaña. 
 
La ganadería es una de las consideradas actividades económicas tradicionales en nuestra Comunidad Autónoma a la que habría que añadir la agricultura, la pesca y la minería. En Espinaredo la agricultura se ha practicado siempre en el fondo de valle y, parcialmente, en las laderas más accesibles a diferencia de la ganadería que, por ser las cabañas móviles, ha ocupado diferentes espacios de acuerdo a un ritmo estacional. En invierno el ganado se mantiene en el fondo del valle alimentándose de heno y restos vegetales para, en primavera, alcanzar las praderías de montaña donde se hará acopio de nutrientes gracias al consumo de pastos de mejor calidad. Allí, en altura —o alzada en otras partes de Asturias—, se establecerá el pastor dispuesto a vivir unos cinco meses al año con sus animales, principalmente vacas, toros y ovejas. También solían subirse los cerdos, gallinas y caballos así como cabras en caso de poseerlas. Es este un régimen de semiestabulación ganadera. 
 
Teniendo en cuenta la duración de la temporada se hizo necesario construir refugios un tanto precarios con los materiales que se encuentran alrededor. Nacen así las cabañas (cavanas en asturiano) que se sitúan a la sombra, en la zona de pastos, creando de esta manera la llamada majada o mayada Se trata pues de una trashumancia regional que nos permite hablar de una zona de influencia humana más que, por tanto, quedará incluida en el territorio más amplio y complejo que nosotros hemos heredado. 
 
Pero tras la Segunda Guerra Mundial el campo empieza a abandonarse. En la actualidad son varios los centenares de pueblos en Asturias sin habitante alguno o con muy pocos de estos. La llamada media montaña ha sido la más afectada así como el occidente y algunos puntos del oriente, sobre todo en la franja interior. En Espinaredo esto ha ocasionado la reducción del espacio cultivado y su sustitución por parcelas en las que pastan los pocos individuos que forman una cabaña en camino de extinción. 
 
El pueblo es ahora una forma física del eco de la historia que pervive en este apartado valle de las montañas de Piloña. Se han abierto algunos negocios de alojamientos rurales, algunos de ellos, incluso, han necesitado levantar nuevos edificios en total discordancia con las actividades humanas tradicionales en el valle y, por tanto, con el paisaje autóctono del mismo. La concentración de un mayor número de personas tiene lugar los fines de semana y la temporada estival pero no se debe ni a la celebración de misa alguna ni a los trabajos propios del verano sino a la presencia de los nuevos demandantes de espacios rurales que las preferencias en materia turística sitúan en lugares como este. 
 
Silvicultura, caza y pesca. 
 
Otras actividades importantes han venido realizándose a lo largo de la historia de Espinaredo. Habíamos comentado ya la importancia que la pesca y la caza habían tenido en el seno de las comunidades humanas prehistóricas que pervivirá con el paso de los siglos hasta alcanzar la forma de deporte ya, sobre todo, a partir del siglo XIX. Estas actividades cinegéticas, que proliferarían por toda la provincia, encuentran en los alrededores de Espinaredo el lugar idóneo para su práctica. Es sobre todo la caza, y no ya tanto la pesca, la actividad deportiva que mayor tradición ha alcanzado. Todavía pueden verse algunos pescadores en busca de truchas que visitan las pozas antiguamente repletas de pesca convertidas hoy en pequeñas piscinas para el deleite de los visitantes veraniegos. La caza, en cambio, mantiene un grado de salubridad óptimo propiciado por el abandono del monte y, como consecuencia, el aumento de las poblaciones de corzo, venado y jabalí que acostumbran a ser abatidos desde el otoño y a lo largo del invierno. 
 
Esos mismos montes en los que habitan tales especies han servido de solar para la plantación, primero de castaños (introducidos en España por los romanos), luego de pinos (ICONA, años 80 del siglo XX) y sobre todo, aunque más recientemente, eucaliptos. Aunque en conjunto forman una biomasa de origen vegetal susceptible de darle una orientación maderera sólo los castañares llegaron a generar una producción de calidad dirigida a la construcción de viviendas y a la fabricación de muebles. El eucalipto, muy polémico, es plantado por su rápido crecimiento para aprovechar su celulosa.

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