El silbo gomero.

Texto y fotografías de David Fernández. 
 
Al viajar de un lado a otro del planeta sea cual sea el medio utilizado, el ser humano franquea fronteras administrativas y naturales. Océanos, sistemas montañosos, ríos, desiertos, etc… que condicionan las diferentes formas de vida, las diferentes actitudes ante el entorno, las diferentes gastronomías e incluso las vías de comunicación y la transmisión del conocimiento, como sucede en la isla de la Gomera, en el archipiélago canario. 
 
La Gomera, situada en la parte occidental del conjunto insular español, y formada por relieves emergidos sobre las aguas del océano Atlántico debido a la acumulación de sedimentos volcánicos, es una isla donde el paisaje se configura a partir de las acciones de la naturaleza y del hombre. Sus poco más de 370 km2 albergan diferentes condiciones climáticas y una gran variedad de tipos de vegetación entre los que destaca la formación vegetal conocida como laurisilva, parte de ella incluida dentro de los límites del Parque Nacional de Garajonay. 
 
La isla ha sido modelada a lo largo del tiempo por los agentes erosivos cuya actividad ha dado lugar a formas de relieve características como son los numerosos barrancos localizados en el perímetro insular además de valles que descienden vertiginosamente hasta el mismo nivel del mar para allí formar pequeñas playas.
Es esta una topografía agreste que no ha permitido cultivar los suelos con facilidad y ha obligado a sus moradores a adaptarse a lo largo de los siglos construyendo terrazas en los mismos barrancos estableciendo una red de bancales que son hoy en día parte indisoluble del paisaje gomero. 
 
En este difícil escenario, donde las pequeñas distancias entre caseríos se ven incrementadas por el obligatorio ascenso y descenso de laderas con inclinación muy pronunciada, el silbo gomero ha sido la solución idónea para paliar el aislamiento a través de la comunicación. 
 
El silbo gomero es un lenguaje silbado y articulado, que permite la comunicación entre personas emplazadas a gran distancia. A través de una gama ilimitada de mensajes, el silbo reproduce mediante silbidos las características sonoras de una lengua hablada. En la actualidad reproduce el castellano hablado en el archipiélago, pero teóricamente, podría hacer lo mismo con cualquier otra lengua. Se caracteriza principalmente por ser un lenguaje social, de ámbito colectivo, donde sus mensajes son públicos porque así lo exige la propia naturaleza del lenguaje. Su utilización no sólo se limitaba a la comunicación entre barrios, entre caseríos o entre pueblos. Cuando la importancia de la noticia lo requería, el silbo recorría toda la isla saltando de pueblo en pueblo. 
 
Los cambios sociales y tecnológicos introducidos a finales del siglo XX afectaron al silbo gomero como a muchas otras tradiciones ancestrales representativas de los diferentes modos de vida que se han visto sustituidos por otros nuevos. En estas últimas décadas, la economía isleña basada en la difícil explotación agrícola se ha ido transformando poco a poco en otra centrada en el turismo. Paralelamente, la aparición de nuevas tecnologías aplicadas a la comunicación, y las mejoras en las infraestructuras relacionadas con el transporte, ayudaron a mejorar las conexiones y acortar las distancias notoriamente, llevando al silbo al borde de la extinción, con apenas unos pocos pastores y mayores capaces de practicarlo. Serán las iniciativas de diversos agentes sociales de la isla y de parlamentarios de la misma, las que inducen al Parlamento y al Gobierno de Canarias a elaborar una legislación para preservar e impulsar el silbo gomero. Un marco legal que no sólo protege al lenguaje silbado, sino que lo revitaliza a través de la creación de una unidad didáctica específica, y de su inclusión en los planes de Educación Primara y Secundaria Obligatoria de todos los colegios de la isla, encuadrándola dentro del área de Lengua Castellana y Literatura. 
 
Uno de los profesores que imparten clases de silbo en los colegios de la isla es Lino Rodríguez, natural de La Palmita. Caserío situado al norte, en la parte alta de la isla donde el terreno y la impenetrable niebla invernal lo obligaron a silbar. Pedrero de profesión, contribuyó con su trabajo a la configuración del paisaje isleño a través de los bancales utilizados para la agricultura. Hace 14 años comenzó a trasmitir los secretos del silbo a los más jóvenes en los recreos de los colegios, para ser hoy uno de los profesores de Silbo Gomero, e impartir clases en los colegios de La Hermigua, San Sebastian, Alojera, Agulo y Vallehermoso. 
 
El 30 de septiembre de 2009 en la ciudad de Abu Dhabi, Emiratos Árabes, el silbo gomero es declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

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