El relieve hace un paisaje: Parque Nacional Death Valley.

Texto y fotografías de Fco. Javier Pedrosa. 
 
El relieve es y ha sido siempre un factor fundamental en la configuración del paisaje. No en vano, el relieve es el aspecto que adopta la parte más externa de la litosfera, en contacto con la hidrosfera y la atmósfera, el soporte físico sobre el que se desarrollan buena parte de las formas de vida (biosfera) que encontramos en nuestro planeta. De la interacción entre esferas surgen las formas de relieve de cuyo reconocimiento, clasificación y explicación se encarga la Geomorfología. 
 
Pero muchas de esas formas de relieve quedan ocultas a los ojos del observador debido a la presencia de una cubierta vegetal, más o menos densa que, en numerosas ocasiones, se instala sobre la roca madre y depósitos que cubren ésta. La especie humana, por otro lado, puede adaptar el desarrollo de sus actividades al relieve preexistente o aprovecharse de sus formas al tiempo que, generalmente, esconde éstas o borra las huellas de su pasado construyendo ciudades y explotando yacimientos mineros, por ejemplo. 
 
Tan sólo, en algunos rincones de nuestro planeta, y debido a unas severas condiciones climáticas, a la presencia de magma en superficie o pendientes excesivamente pronunciadas, el sustrato rocoso y las formas de relieve que en él se presentan pueden ser fácilmente observables y, en muchas ocasiones, también distinguibles. Es éste el caso del californiano Valle de la Muerte (Foto 1), inscrito en el Parque Nacional que recibe el mismo nombre (Death Valley en inglés) donde la tectónica, asociada a la dinámica desarrollada en un área de subducción, y las rigurosas condiciones climáticas han perfilado un paisaje cuya interpretación no depende, en ningún caso, de la testimonial presencia de los elementos bióticos o antrópicos que allí encontramos. Es más, en el caso concreto de este espacio, podemos confirmar que el relieve hace un paisaje, un paisaje representativo, un paisaje muy próximo a la arquetípica imagen del Oeste americano, un paisaje emblemático pues, un paisaje con altos niveles de consumo visual gracias, al menos, a las industrias cinematográfica (in visu) y turística (in situ). 
 
Este espacio se encuentra en el extremo suroriental del estado norteamericano de California, al oeste de la Sierra Nevada, a medio camino entre las ciudades de Los Ángeles y Las Vegas donde la autopista interestatal 5, que une ambas poblaciones, se convierte en el acceso principal al sector meridional del mencionado valle. 
 
El sugerente nombre que recibe se debe a la percepción que del lugar tuvieron los colonos californianos aquí llegados en plena “fiebre del oro”, en el año 1.849. Fueron las dificultades vividas en aquel viaje, atribuidas a las extremas condiciones térmicas e higrométricas vigentes en aquellos días, las que llevaron a estos pequeños protagonistas de la historia estadounidense a dar a este lugar el nombre que todavía mantiene en la actualidad. 
 
La complejidad de este topónimo contrasta con la sencillez topográfica del espacio. Death Valley queda delimitado por las cadenas montañosas de las Black Mountains, al este, y las Panamint Mountains, al oeste, las cuales enmarcan una depresión con trazado casi rectilíneo ubicada entre ambos. Un detalle excepcional de su topografía es el desnivel (3.478 m) existente entre Telescope Peak, la cota más elevada de la zona con 3.366 metros sobre el nivel del mar, y el punto más bajo del valle situado en Badwater (-86 m) que, evidentemente, tendrá unas consecuencias climáticas y, por ello, paisajística excepcionales. 
 
Pero es la tectónica la piedra angular y guía en la interpretación de este paisaje. No se concibe la existencia del valle principal de este Parque Nacional sin los movimientos tectónicos acaecidos en diferentes fases de su historia geológica. Estos desplazamientos de considerables sectores de la corteza terrestre permitieron la existencia de una organización estructural, que es la base de este paisaje, y el afloramiento en superficie de rocas ígneas, además de posibilitar un tipo de metamorfismo ligado a la fracturación y dislocación del roquedo. 
 
El valle central del Parque Nacional de Death Valley (Foto 2) está flanqueado por dos zonas de fracturación principal: la zona de fracturación de Furnace Creek (14 millones de años) al norte, y la zona de fracturación meridional de Death Valley (12 millones de años) al sur. En ambos casos se trata de desgarres dextrales que han posibilitado una organización topográfica característica coincidente con la existencia de bloques elevados y deprimidos alternativamente. Así, los bloques elevados y expuestos a los agentes erosivos serían las Black Mountains y las Panamint Mountains que dejan entre sí una fosa tectónica (bloque hundido) colmada de sedimentos procedentes de los relieves mencionados. 
 
Pero, echemos también un vistazo a la litología de este espacio que, debido a sus características principales (origen, composición y disposición), juega un papel de fundamental importancia en el análisis de su paisaje. Encontramos aquí rocas de diferentes tipos, y desigual trascendencia paisajística, que nos permiten hablar de formas, texturas y colores de un paisaje pétreo, y poco dado a la variedad de interpretaciones, en el que las formaciones geológicas alcanzan un protagonismo al que poco estamos acostumbrados. Entre las rocas sedimentarias contamos con limolitas, dolomías o conglomerados. También encontramos algunas muestras de rocas ígneas, tanto plutónicas como volcánicas, además de algunas metamórficas cuyo origen se relaciona con procesos ligados a una geodinámica interna de carácter regional. Un magnífico ejemplo de todo esto es la formación de la “Carretera del Artista” (Foto 3) donde los rojos, verdes y turquesas se revelan al observador como exóticos detalles de un paisaje en el que suelen predominar los tonos cálidos próximos al naranja y marrón. Tampoco podemos olvidar los tonos pastel de Zabriskie Point (Foto 4) que se organizan según la facies estratigráfica originada tras la deposición continua de sedimentos, o las aisladas estructuras volcánicas (Foto 5) que rompen aquí y allá la cierta monotonía que imprime la amplia superficie cubierta de gravas y cantos procedentes de las vertientes aledañas (Foto 6, 7 y 8). Y, resulta que estos derrubios que encontramos en el valle, conjuntamente con la presencia de minerales precipitados, otorgan un aspecto mate al paisaje que contrasta con algunos sectores montañosos donde la superficie es más brillante debido a la presencia de rocas cristalinas. 
 
Podemos considerar a la textura como otra variable de un paisaje. Así, la heterogeneidad de algunas superficies rugosas se convierte en toda una seña de identidad de áreas determinadas, de paisajes característicos, como también sucede en Death Valley. En el sector del valle conocido como Devil´s Golf Course (Foto 9) la capa de depósitos salinos precipitados es afectada por procesos de disolución debido a la temporal presencia de agua que modela curiosas formas con aspecto cristalino y apariencia de coliflor. El terreno se vuelve entonces abrupto y, prácticamente, intransitable. 
 
Como hemos visto, la interacción entre el sustrato rocoso y la atmósfera es la principal causa de la génesis de las formas de relieve en la superficie terrestre, en general, y, en Death Valley, en particular. Las condiciones climáticas aquí vividas, basadas en un estricto rigor térmico (57ºC en 1.913) y la casi ausencia total de precipitaciones (alrededor de 45mm/año, y años sin lluvia), con un índice de evaporación de 3.800mm/año aproximadamente, hacen de este espacio un lugar inhóspito y hostil para el desarrollo de la vida. 
 
La aridez característica del Death Valley es debida a que éste se encuentra a sotavento de la Sierra Nevada. Aquí, el obstáculo orográfico como factor del clima es de suma importancia: los elevados relieves situados al oeste del Valle de la Muerte son capaces de retener las masas de aire húmedo procedentes del océano Pacífico que se ven obligadas a elevarse para rebasar la cordillera californiana. La inmediata consecuencia de tal ascenso es la saturación de las mencionadas masas de aire que verterán precipitaciones antes de llegar a la vertiente oriental de dichos relieves. Cuando estas masas de aire, dirigidas por la circulación general del oeste, llegan al valle en cuestión ya no albergan humedad alguna y, en estas condiciones, afectan a todo el espacio objeto de análisis que mantiene sus cielos despejados casi todo el año permitiendo así una intensa insolación. 
 
Pero cuando las precipitaciones en forma de lluvia aparecen lo hacen de manera torrencial, no como aquellas en forma de nieve que podemos caracterizar de esporádicas y limitadas a las zonas más elevadas. Las primeras, sobre todo, una vez canalizadas, tienen competencia modeladora por su capacidad para arrancar, transportar y sedimentar partículas que pueden llegar a ser acumuladas en grandes cantidades en las laderas de las montañas y las áreas más deprimidas, topográficamente hablando, del valle en cuestión. Este tipo de canalización temporal y escasamente estable recibe el nombre genérico de arroyada. 
 
En el caso de Death Valley destacaremos la actividad modeladora de las dos formas principales de arroyada: arroyada concentrada y arroyada difusa. La primera de ellas es capaz de incidir con profundidad en el terreno y de modelar surcos susceptibles de canalizar las aguas venideras e irse haciendo cada vez más profundos y marcados, como sucede en varios sectores del valle (Foto 10). Estas formas de relieve son bien conocidas por los geomorfólogos pero también por el público en general que consume un paisaje característico gracias a puntos tan visitados dentro del Parque Nacional como el ya mencionado Zabriskie Point (Foto 11).
La arroyada difusa, y dentro de esta la laminar, puede formar extensas rampas de suave inclinación que reciben el nombre de glacis. Son varios los glacis que encontramos en Death Valley, al pié de las Panamint Mountains por ejemplo, donde, al presentarse modelados sobre el material detrítico acumulado, reciben el nombre de glacis detríticos o glacis de acumulación (Foto 12). 
 
Otras formas observables en este peculiar paisaje, y que dependen de la escasa presencia y fluidez del agua, son los sinuosos y estrechos lechos, generalmente secos, que rompen la uniformidad aparente de las partes centrales y más bajas de todo el valle dominadas por la presencia de evaporitas de color blanquecino (Foto 13). Las causas de su existencia son de origen topográfico y climático ya que la disposición del bloque tectónico hundido (graben) sobre el que se asienta el valle hace de todo el conjunto, hidrográficamente hablando, una cuenca endorreica, es decir, un espacio incapaz de drenar las aguas hacia el exterior de esta. La consecuencia principal de tal disposición es la circulación, por gravedad, de los testimoniales (cuantitativa pero no cualitativamente) y temporales cursos de agua hacia las partes más bajas del interior del valle, Badwater en concreto (Foto 14). De esta manera, y al atravesar la costra de evaporitas preexistente, marcará el paisaje dotándolo, si cabe, de mayor identidad. 
 
Además de todo esto también contamos con relieves eólicos de acumulación, claro está, dependientes de las condiciones climáticas y, en concreto, de los flujos de aire más virulentos que afectan el valle. Hay quien ha querido ver en Death Valley el túnel de viento más grande del mundo. Las altas velocidades a las que se puede desplazar el aire (13 m/s) por el Valle de la Muerte, así como la dirección de su flujo, se ven favorecidas en su actividad transportadora por el alineamiento de los relieves aledaños. Estos vientos capaces de trasportar partículas sólidas van a depositar éstas en lugares concretos, allí donde distintos tipos de obstáculos (ver el artículo “Algunos complejos dunares” también en geoface.es) obliguen a aquellos a dejar su carga. De esta manera surgirán relieves eólicos como las barjanas de Stovepipe Wells (Foto 15 y 16) que completan el complejo conjunto de formas de relieve con un origen climático que encontramos en este espacio. 
 
Es toda esta variedad de formas la que otorga un aspecto al espacio descrito que rebasa los límites de interés más estrictamente científicos y académicos para trascender y afectar a otros sectores de la población. Es éste un espacio determinado por la historia y características geológicas de ámbito local y regional que, debido a su fácil acceso, puede ser apreciado por el “gran público”. Cuenta con amplias posibilidades susceptibles de ser aprovechadas por el sector de la industria turística que ha de tomar el paisaje, y los elementos naturales del mismo, como el recurso más importante a explotar. La interpretación de las formas de relieve existentes se muestra entonces como una opción válida para ser aplicada a las visitas guiadas del Parque Nacional. Es ahora el sector público y privado quien tiene que optar por invertir capital en nuevas formas de transmitir un conocimiento ya asimilado hace tiempo. Hemos de utilizar nuevas vías para el consumo turístico de los espacios naturales y del territorio y, aquí, en Death Valley, puede ser a través de las formas de relieve ya que son ellas, hemos dicho, las que han hecho un paisaje con opciones de perdurar en el tiempo gracias a la figura de protección que lo ampara.

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