El paisaje como forma de expresión.

Texto de Fco. Javier Pedrosa.
Pensar en el Hombre, en la condición humana ha sido siempre para mí un tema recurrente.  A lo largo de mi vida he pensado mucho sobre todas aquellas cosas que forjan el carácter y fijan el comportamiento de las personas.  En casi todas esas ocasiones he intentado acercarme a quien he conocido o admirado a través de sus formas y maneras de expresarse.  Si uno sabe expresarse tendrá muchas más posibilidades de que los demás lo entiendan y, además, podrá transmitir opiniones, sentimientos o discursos que, incluso, proyecten su actitud ante la vida.  Pero la capacidad de expresión y comunicación de las personas no es igual en todos los casos. 
 
Son, principalmente, los artistas (pintores, escultores, escritores, arquitectos y fotógrafos) los que, a lo largo de la Historia, han mostrado una mayor facilidad a la hora de expresar sus ideas, inquietudes, percepciones o sentimientos a través de estrategias y técnicas propias o heredadas.  Esta es la razón por la cual durante los años en que era estudiante de Bachillerato pensaba en entender a la gente (creo que también se puede decir “a la Humanidad”) a través de sus obras de arte.  Aunque también tenía claro que yo mismo no podría convertirme en artista por el mero hecho de querer ser entendido.  Así que pensé que lo mejor sería estudiar historia del Arte y buscar otro medio de expresión para mi propio uso.  Muy poco tiempo después supe que me había equivocado en la reflexión: mi vocación no era de historiador ni de artista sino de geógrafo, y el lenguaje que estaba buscando era el del paisaje. 
 
Aunque la Geografía, en la actualidad, no se dedica exclusivamente al estudio del paisaje si es cierto que éste es una parte importante de su existencia y los geógrafos destacan esta labor entre sus prioridades.  También es cierto que todavía se sigue escribiendo mucho sobre la definición del término paisaje y sus acepciones sin, al mismo tiempo, parecer que se avance en la dirección deseada por la comunidad científica internacional.  Es decir, se siguen publicando textos que reiteran con otras palabras lo que otros geógrafos escribieron previamente.  Por ello, en Geoface, sigue valiendo la siguiente definición de paisaje: conjunto de líneas, colores, texturas y formas que encontramos a nuestro alrededor al elevarnos sobre la vertical de un punto concreto sito en la superficie terrestre.  Estas formas, colores, etc. son el resultado de la interrelación entre el medio natural y las actividades humanas, son, en palabras de Eduardo Martínez de Pisón, el fruto de un proceso acumulador histórico. 
 
A partir de aquí poco más habría que añadir para confirmar que el paisaje es una forma de expresión.  No en vano, a través de los paisajes, podemos observar las huellas de las actividades económicas, de las coyunturas políticas, de las diferencias sociales, etc. Que se han dado en el seno de las comunidades humanas que han habitado o habitan un territorio, por ejemplo.  En estas huellas también encontraremos indicios de las inquietudes, sentimientos, penurias, ilusiones, conflictos que aquellos hombres desarrollaron o vivieron.  Por ello también podremos establecer una vía de comunicación unidireccional, eso sí (desde el pasado hacia el presente), que nos permita saber y entender el carácter y comportamiento de nuestros ancestros o el de los ancestros de nuestros coetáneos.  ¿Acaso no reflejan los brezos introducidos en el Parque Nacional de Tongariro un sentimiento de nostalgia hacia la tierra de los colonos escoceses? ¿Acaso no son las cubiertas de turba en los edificios del campo noruego reminiscencias de un tiempo ya pasado y recuperado por sus actuales moradores o usuarios, rescatados de los bucólicos tiempos de la Noruega más pobre? ¿Qué podemos decir de algunos espacios urbanos de la ciudad-templo de Pekín? ¿Y de la Chinatown neoyorkina, entre otras muchas?  Pensemos también en las Kasbash del Atlas Marroquí.  En Asturias, las pomaradas (parcelas dedicadas al cultivo de manzanos) han proliferado y se han mantenido en el último siglo sin un interés económico ni de subsistencia. Son, más bien, jardines asociados a una identidad cultural.  ¿Y qué es lo que nos muestra la historia de los jardines y el  paisajismo? ¿No son ejemplos de sentimientos e inquietudes, de gestión del espacio y su aspecto, de puntos de vista o diferentes matices del concepto belleza?  ¿Qué son los nuevos espacios urbanizados en la costa de Dubai?  Para mí, desde luego, la manifestación física de las pretensiones ideológicas y empresariales de una sociedad cimentada sobre el valor potencial de un recurso limitado. 
 
El paisaje es un lenguaje y éste una forma de expresión. 
 
Cuando escribo estas líneas todavía recuerdo la conversación que tuve con un ingeniero hace algunos años.  Entonces empezaba yo a trabajar como guía en diferentes países, algunos de ellos sin todavía conocerlos.  En aquella ocasión me dirigía a Argentina y él me preguntó: “¿Cómo es posible que puedas trabajar de guía en un país en el que nunca has estado anteriormente?  No tiene ningún sentido”.  Y yo le contesté: “Soy geógrafo, conozco más o menos el lenguaje del paisaje… ¿o es que tú no podrías desarrollar una integral que no hubieras desarrollado antes?”

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