Sonriendo, escuchando y trabajando: los CDR cubanos

Texto y fotos de Hugo Pedrosa Latorre

Al llegar a Cuba, una de las cosas que me llamó la atención fue la escasa policía que se percibe a simple vista. Incluso cuando nos encontramos con personas que pertenecen a cuerpos de seguridad oficiales resulta bastante elocuente su simpatía, dulzura y la poca agresividad o dureza con la que tratan a la gente. Parece que se les ha inculcado un tipo de humildad y de bondad en el trato, y no parece que sean muy numerosos.

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No sé si solo de trata de una opinión personal por mis propias experiencias o es algo que otras personan compartan conmigo, pero yo pensaba que en un país en el que la misma gente lleva gobernando durante más de medio siglo y en donde se sabe que existe oposición política, la presencia policial sería mucho más patente. Me imaginaba que existiría la típica policía secreta de otros países dirigidos con mano de hierro que, de tanta mirada perspicaz e imponente presencia, salen de su escondite y se muestran como un valuarte moral para la seguridad de los gobiernos que les emplean. Me refiero a casos como la conocida mukhabarat de los gobiernos árabes o los aires de supremacía de los cuerpos policiales de las dictaduras. Sin embargo, Cuba no parece ser a primera vista un país en el que esto ocurra y sus fuerzas de seguridad parecen siempre estar muy relajadas y amigables.

Todo empieza a cambiar y a cobrar sentido después de pasear varios días por las calles cubanas. Además de la presencia de algunas cámaras de seguridad en la vía pública, lo que más suele empezar a llamar la atención es la propaganda y, en mi caso, sobre todo unas siglas muy comunes en todas las cuadras o manzanas de cada barrio cubano. Se trata de las siglas CDR, el Comité para la Defensa de la Revolución, normalmente acompañadas por su emblema: un monigote con un machete en alto y alguna que otra frase que lo acompaña. Tanta presencia de estas siglas me llevó a preguntarme su función, y he aquí que hallé la respuesta al aparente relajado carácter del gobierno cubano.

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El CDR fue creado tras el triunfo de la Revolución en el año 1960, y si le preguntas a un guía oficial cubano te dirá que en un principio fue creado para combatir aquellos posibles espías y planes contrarrevolucionarios que eran perpetrados por la oposición y, en muchos casos, patrocinados por la CIA, pero que en la actualidad se trata de asambleas de barrio que se encargan y aseguran de llevar a cabo los proyectos de cada barrio, tales como la pavimentación de una carretera, la solución de un problema en la iluminación de la vía, la captación de fondos para el arreglo de la escuela, etc.

Es cierto que el CDR tiene este tipo de atributos, y que cada barrio posee un presidente elegido por los propios vecinos que muestre firmes convicciones en el ideal revolucionario. Pero a su vez, en un país tan social como Cuba en el que la vida se vive en la calle y en donde charlar se convierte en un pasatiempo tan habitual, el presidente del CDR es al fin y al cabo un vecino más, al que además se le reportan todo tipo de problemas que afectan a la mayoría de los habitantes del barrio, ocurriendo esto muchas veces durante coloquios habituales, por lo que todo tipo de información puede entremezclarse y llegar a los oídos del presidente del CDR y personas afines a este o a la institución. Es algo común que en todos los pueblos del mundo cada vecino acabe enterándose de todo ¿verdad? Pues con lo social que es el pueblo cubano, la cantidad de tiempo que la gente se pasa en la calle y la presencia de un CDR en cada cuadra, resulta que casi todo es sabido por todos, o todo por casi todos, y sería raro que algo no llegase a oídos del presidente en funciones del CDR, ya que es a él o a ella a quien se le reportan muchos de los sucesos del barrio. Por consiguiente, ya que este vecino tiene contacto directo con el partido y las asambleas locales de este a las que debe reportar cualquier injerencia que sea necesaria arreglar, el presidente del CDR hace a su vez de ojos y oídos del partido en la calle, a pesar de que sus atributos oficiales sean las de hacer llegar la voz de su barrio a las instituciones para la mejora de las condiciones a nivel local.

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Resulta así que una institución que se supone totalmente de carácter horizontal, ya que se trata básicamente de una asamblea o asociación de vecinos que en la actualidad debe transmitir las necesidades del barrio a través de un portavoz, se convierte al mismo tiempo en un pilar fundamental del sistema institucional de carácter vertical del país, puesto que además de esos atributos también es percibida por el partido como la figura de transmisión de información de lo que sería el pueblo llano a esferas políticas más altas. Además, tiene tal omnipresencia en el país que se convierte en una institución muy normalizada, dándole a los oídos del partido un toque amigable que intenta proyectar, y probablemente consiga, una imagen de lucha por el bien común y por el triunfo de la revolución, escondiendo su carácter de informador político de casos de disidencia, seguridad o tráfico de drogas, haciendo la función de policía local para el partido.

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Hemos aquí un ejemplo bastante único de esa policía secreta o informadora de la que antes hablábamos. Parece ser que el carácter tan social y amigable de los cubanos permite a la estructura política del país tener un vasto conocimiento de lo que ocurre en las calles sin la necesidad de mostrar una fuerte presencia policial ni un atosigamiento por parte de la autoridad. Por el contrario, el estado cubano es capaz de saberlo todo basándose en el carácter de su propia sociedad y de instituciones de carácter horizontal completamente insertadas en cada barrio del país gracias a la imagen de labor social que se le ha dado a los CDR.

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A mí, como ingenuo foráneo del país y haciendo comparaciones con otros estados, la presencia policial me parecía bastante reducida, de lo cual me alegraba, pero está muy claro que el estado cubano no es tan ingenuo como yo, y sus vecinos sienten el peso del estado y la obligación moral del ideario revolucionario en todo momento. No sabemos si se trata del carácter social de los propios cubanos o la inteligencia de sus gobernantes, pero debemos admitir que el gobierno de Cuba ha sabido crear una imagen más amable de cara al público que otras dinastías contemporáneas con décadas de mano de hierro sobre sus pueblos. El indudable carácter altruista, humanista y social de la Revolución ha ayudado a ello, pero la propaganda y esta estructura estatal mimetizada en la sociedad han reafirmado además la omnipresencia de un sistema político hecho para durar. ¡Buen trabajo!

 


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