Las Repúblicas Bálticas: apreciaciones básicas

Texto y fotos: Fco. Javier Pedrosa

Tallin

Las Repúblicas Bálticas son tres países europeos independientes desde 1991 cuyos nombres son Lituania, Letonia y Estonia. Se encuentran entre los 54ºN y los 60ºN de latitud y a lo largo del meridiano de los 21ºE. Entre los tres ocupan una extensión aproximada de 175.000 Km y cuentan con una población de 6,5 millones de habitantes aproximadamente.

Habitualmente hemos reconocido estos países como parte de un numeroso grupo de ellos ubicado en el sector oriental de Europa, ya en contacto con Asia. Aquí precisamente yace la primera incongruencia conceptual: casi todo lo que conocemos como Europa y casi todo lo que conocemos como Asia son tierras emergidas sobre los oceános y pertencientes a un único continente que es heredero del anterior (en el contexto de la deriva continental) conocido como Laurasia. Entre esos actuales Europa y Asia no median bordes de placas litosféricas ni encontramos actividad entre estas a excepción del encuentro con la placa indostánica, los eventos tectónicos de los arcos de islas en el Pacífico (Japón, Kuriles), el sector próximo de Kamchatka, Caúcaso, Irán. Todos ellos con carácter periférico. En varios sentidos Europa y Asia pueden ser considerados como partes de un todo continental. Esta realidad geográfica parece haber sido fundamental en la fluidez del paso de estas tierras y su colonización por parte de monarcas, obispos, duques, zares y emperadores. Ha sido y es un espacio de transición: aquí se encuentran el bosque de caducifolias de la húmeda Europa Central con el bosque de coníferas de la Europa Boreal, a su vez el catolicismo, el luteranismo y la Iglesia Ortodoxa entran en contacto y conviven mostrándose como vestigio de los tumultuosos tiempos pasados. Es esta zona de la cuenca báltica oriental una zona de tránsito, de transporte de pasajeros y mercancías. Todavía en la actualidad los beneficios que reporta el tránsito de pasajeros y mercancías por estos tres países a las arcas de sus respectivos estados constituyen una parte muy importante de los ingresos brutos anuales. Son también, por tanto, cuestiones históricas las que radican en la base de nuestra aproximación a las tres repúblicas.

Durante mucho tiempo hemos venido llamando “del este” a un selecto grupo de países de la “Vieja Europa” entre los que se encuentran Lituania, Letonia y Estonia junto con otros como Rumanía, la antigua Checoeslovaquia, Bulgaria, Polonia, Ucrania, etc. En tanto que esta denominación responde a una percepción del territorio condicionada por el desarrollo de un determinado contexto histórico no podemos decir correcta y estrictamente que Lituania, Letonia y Estonia son países del este. Las Repúblicas Báticas no están en el este de Europa. Si consideramos que Rusia es Europa o, al menos, que existe una Rusia europea donde se
encuentran sus dos ciudades más importantes (Moscú y San Petersburgo) y que se extiende hasta los montes Urales, entonces tendremos que convenir que Rusia es el país más grande de Europa. Además se encuentra al este de las Repúblicas Bálticas. Ucrania es el segundo país más grande de Europa y también se encuentra al este de las Repúblicas Bálticas. No en vano, el Instituto Geográfico Nacional Francés publicó en el año 2004 que el centro de Europa se encontraba a unos pocos kilómetros al norte de la capital Lituana, Vilnius. La razón por la cual percibimos a estos países como países “del este” es nuestra condicionada percepción de los mismos. Condicionada por los hechos y contextos históricos que se han desarrollado a lo largo del siglo XX. Primero, hasta la caída del Zarismo, y después tras la Segunda Guerra Mundial estos tres páises formaban parte del Imperio Ruso y de la U.R.S.S. y lo hicieron posteriormente del Pacto de Varsovia y del sector oriental de la Europa que dividió el muro de Berlín. La historia que vivimos y la cultura que practicamos condicionan nuestra percepción de la realidad geográfica.

Por otro lado, tenemos el topónimo general de Repúblicas Bálticas. La explicación del mismo también se encuentra en la base de la aproximación al espacio acotado. Son “Repúblicas” porque esta es la forma de Estado que han adoptado los ciudadanos de los tres países las dos ocasiones en que tuvieron la oportunidad de proclamar su independencia. Mayor dificultad e interés entraña la explicación sobre la presencia del topónimo “Bálticas” en la denominación de aquellas. A priori se podría pensar que se debe a la proximidad del mar que baña sus costas pero no es exactamente así. Sí es cierto que hablamos de la zona oriental de la cuenca báltica pero estas aguas no han sido siempre así denominadas o, al menos, hay que decir que manejamos diferentes opciones. ¿Por qué no se llama también Repúblicas Bálticas a Finlandia, Polonia o Alemania cuando reúnen los dos mismos atributos (forma de Estado y presencia del mar)? Los suecos solían llamar a estas aguas “Mar del Este”. Los estonios se han referido a él como “Mar del Oeste”. En cada percepción prima el mismo condicionante: la ubicación de cada país con respecto al mar. Los finlandeses también han hablado durante tiempo del “Mar del Este” cuando ellos lo tienen al oeste y al sur. Esta denominación ha estado condicionada de nuevo por otro factor histórico: la pertenencia de Finlandia a la Corona Sueca durante aproximadamente 500 años. Por su parte, los letones han conocido y conocen a este mar con el nombre de “Mar del Ámbar”. Parece claro que la referencia para explicar la denominación de “Bálticas” no está en el mar sino en tierra.

Riga

El hecho de que sigamos insitiendo en llamar Bálticas a estas tres repúblicas seguramente se lo debemos a uno de los autores más importantes de la Roma Antigüa: el historiador Tácito. En el año 98 d. de Xto. publicaba una de las obras más importantes de la historiografía clásica con el nombre de “Germania”. En este que hoy es un magnífico documento histórico Tácito trataba de esclarecer la realidad territorial, cultural, económica y militar de las tierras que se hallaban al norte del limes romano, es decir, al norte de los cursos de agua Rin y Danubio. Entre otra información nos aporta novedades con respecto a lo comentado por Estrabón en su “Geografía” unos 125 años antes. En donde hoy situamos a las Repúblicas Bálticas Tácito ubicaba dos pueblos. Entre Lituania y Letonia figuran los Baltos y un poco más al norte Tácito localiza a los Aesti. Ya al norte del Golfo de Finlandia ubica a los Fenos. La presencia de los primeros (Baltos), que se mezclaron con los prusianos y llegaron a ocupar lo que hoy conocemos como Kaliningrado y parte del noreste de Polonia, determinó la denominación del mar y de Lituania, Letonia y Estonia como parte de una región más amplia. La presencia de los Aesti trajo consigo la aparición del topónimo Estonia (Eesti en estonio) y de la misma manera sucedió en Finlandia (el país de los Fenos) donde sus propios habitantes no se refieren así al país en el que viven sino que hablan de Suomi. Los topónimos “Báltico” y “Bálticas” son producto de una percepción muy particular dada bajo, no solamente un determinado periodo histórico, sino sobre todo, a través de una obra literaria clásica asimilada como referencia cultural por las poblaciones del, al menos, vamos a decir ámbito mediterráneo.

Estas, que pueden ser tomadas como apreciaciones básicas en una inicial aproximación al espacio que ocupan Lituania, Letonia y Estonia, son también ejemplos de cómo la Historia y la Cultura no sólo desencadenan y configuran los hechos geográficos sino que además también condicionan la percepción y apreciación de estos. De hecho, incluso el mar Báltico no es exactamente lo que su propio nombre indica, es decir un mar. La cuenca que este forma presenta características más propias de una cuenca lacustre que de una cuenca marina, pero este ya es un asunto, aunque vinculado al que nos toca, también diferente.


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