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Islas Skellig: frailes y frailecillos

 

Texto y fotos de Juan Iglesias

A unos 16 km al oeste de la península de Iveragh, en el Condado de Kerry, Irlanda, podemos encontrar dos pequeñas y accidentadas islas rocosas: las Islas Skellig. La más pequeña de las dos, conocida como Little Skellig, está cerrada al público. La isla más grande, conocida como Great Skellig o Skellig Michael, se eleva hasta los 230 m sobre el nivel del mar, y alberga un monasterio paleocristiano, creado en año 588.

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Muestra de colonia de alcatraces (Morus bassanus) en la isla Little Skellig.

Frailes:

El monasterio se encuentra en la ladera sur de la elevación nororiental de la isla, a aproximadamente 180 m de altura. A él se accede a través de una empinada escalinata con 670 escalones que los propios monjes directamente tallaron en la roca. Tradicionalmente se atribuye la fundación del monasterio a San Fionan, que vivió alrededor del año 500. Por su ubicación, se trata de uno de los monasterios más remotos de todo el mundo cristiano.


Escaleras talladas en la roca de la Isla Skellig Michael por los monjes.

La vida de los monjes del monasterio era muy espartana y, al parecer, la comunidad monástica de Skellig Michael nunca fue muy grande: probablemente constaba de unos 12 monjes y un abad. Se cree que su dieta se componía de pescado y marisco obtenido en la costa de la isla, huevos de aves marinas y hortalizas que cultivaban en terrazas construidas alrededor de sus asentamientos. Además de a las duras condiciones de la zona, los monjes tuvieron que hacer frente a varias incursiones vikingas en el siglo IX, especialmente en 823.


Detalle de las construcciones de piedra del monasterio en la Skellig Michael.

A partir del siglo XII, el cambio climático conocido como la Pequeña Edad de Hielo hizo aún más dura la vida en el lugar. En estas circunstancias se hizo imposible residir en la isla durante todo el año, por esta razón los monjes la abandonaron y se trasladaron al monasterio agustiniano de Ballinskelligs, en la cercana costa irlandesa, para no regresar jamás.


Detalle de las celdas de piedra o clochans del monasterio en la isla Skellig Michael.

En 1996, el complejo monástico de Skellig Michael fue incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, basándose en criterios culturales.


Escaleras talladas en la roca de la Isla Skellig Michael por los monjes.

Frailecillos:

Al margen de su rico patrimonio cultural, lo que realmente me atraía de estas islas era otro tesoro más espectacular aún si cabe: el natural. Ambas islas son conocidas por su abundante colonia de aves marinas, la más importante de Irlanda tanto en cantidad como en variedad de especies. En concreto, Little Skellig contiene la segunda población más grande del mundo de alcatraces (con casi 30.000 parejas).


Pareja de frailecillos (Fratercula artica) a la entrada de su madriguera excavada en la tierra en la Skellig Michael.

Entre los tipos de aves que las habitan se encuentran el paíño europeo, el alcatraz común, el fulmar, la pardela pichoneta, la gaviota de patas negras, el arao común, el alca común y el frailecillo común. También pueden encontrarse, en número más reducido, chovas piquigualdas y halcones peregrinos. Aparte de aves, las islas Skellig también albergan una importante fauna acuática: se ha documentado la presencia de focas grises, tiburones peregrinos, rorcuales, delfines y tortugas laúd.


Detalle de la cara de un frailecillo común.

Cuando llegué a las islas, después de una travesía en barco a través de una densa niebla que apenas dejaba ver el embarcadero, me apeé del barco y comencé a subir por las empinadas escaleras que llevan hacia el monasterio disfrutando de la isión de las innumerables especies de aves anteriormente citadas. La gran mayoría de ellas anidan en las escarpadas paredes de los acantilados.

Hasta ahí todo es como uno espera, sin embargo había algo que me llamó poderosamente la atención: pese a la cantidad de visitantes que se encuentran en la isla recorriendo los senderos, los frailecillos toleran la presencia de las personas hasta tal punto que uno prácticamente los puede tocar con la mano.


Alcatraz (Morus Bassanus) en vuelo.

Me preguntaba por qué aparecía este comportamiento en una especie silvestre que tiene la posibilidad de anidar en lugares más inaccesibles al hombre, lo que le proporcionaría mayor tranquilidad. Me senté durante un rato para observar y pensar acerca de este comportamiento peculiar.

Pareja de frailecillos (Fratercula artica) a la entrada de su madriguera en una oquedad en la roca en la Skellig Michael.

Como casi siempre la respuesta me llegó del cielo, pero no por la iluminación divina que los frailes del siglo VI vinieron a buscar a estas islas, sino por algo más terrenal. Los frailecillos que tenían sus nidos (cavidades que excavan en el suelo con sus picos) más alejados de las zonas de tránsito de los visitantes sufrían constantes ataques de gaviotas: les quitan los peces que capturan, atacan a sus pollos y les roban sus huevos. Sin embargo, las gaviotas no se atreven a acercarse a los frailecillos que se encuentran próximos a las personas que visitan las islas por temor a la presencia humana. Por tanto, en este caso el hombre representa protección para los frailecillos ante sus depredadores naturales.


Frailecillo común (Fratercula artica).

A finales del siglo VI unos frailes se instalaron en estas islas en busca de soledad y aislamiento y, casi 1500 años después, unas pequeñas aves aprovechan la compañía de los muchos visitantes para mejorar sus expectativas reproductivas.


Frailecillo común (Fratercula artica).

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